viernes, 27 de noviembre de 2009

LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA




LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA
En la Unidad anterior conocimos lo que es una ciencia, la cual tiene un objeto de estudio definido y un metodo para estudiarla, pero que ocurre con la Psicología?

El objeto de estudio de la Psicología es la conducta o comportamiento, ¿pero que debemos de entender como conducta?: "Conducta es toda aquella interacción establecida entre un organismo y su medio, físico, biológico y/o social, en y a través del tiempo"

Dado que nuestro interés fundamental lo constituye la psicología, analizaremos la relación que guarda con sus dos continentes límite: la Biología y la Historia. La Psicología tiene por objeto el estudio del comportamiento individual, es decir, la interacción que establecen los organismos individuales con su medio ambiente y con otros organismos. Como tal la psicología es una ciencia que se desprende de la ciencia biológica (natural), pero en tanto que una parte fundamental de su ambiente lo constituyen otros organismos y en el caso del hombre se trata de un ambiente social construido, la Psicología queda en un nivel de ánalisis anterior o menos complejo a la ciencia "Historia". Se podría considerar que es una ciencia "puente" por naturaleza entre las llamadas Ciencias "Naturales" y las "Sociales". Si analizamos esta relación dual de la psicología, nos volveremos a encontrar con algunas “contradicciones”, pero no hay tal supuesto, la Psicología es en sí un área de estudio o modo de conocimiento de la realidad que posee las características necesarias para ser una Ciencia diferente, pero complementaria a las demás.


Por un lado, la conducta es una dimensión funcional ­de los seres vivos y por ende, la biología se constituye en ciencia básica de la psicología. Sin embargo, los fenómenos biológicos no son idénticos a los psicológicos o conductuales y por consiguiente éstos últimos no son reducibles a proposiciones o datos de la biología. Es evidente, por ejemplo, que el lenguaje no puede reducirse a los movimientos de las articulaciones vocales y que la conducta de escribir no puede explicarse en términos de los simples Movimientos musculares que la componen. A una de las tendencias reduccionistas que explican la conducta en términos puramente biológicos, se le llama localizacionismo y es una herencia intelectual del mecanicismo de Descartes.



Por otro lado, la conducta humana que no es el objeto único de estudio de la psicología, tiene una significación profundamente social. El comportamiento humano depende y se conforma con base en circunstancias sociales, que el propio hombre transforma a su vez creándolas y recreándolas. En este sentido la psicología no puede desvincularse de la historia y ciencias sociales, pero tampoco puede ser absorbida por ellas, por ser el comportamiento individual un dato molecular que no constituye el interés definitorio de dicho continente histórico. Las leyes que rigen un fenómeno molar, gene­ral y complejo no explican necesariamente sus componentes moleculares, aun cuando proporcionen un marco interpretativo para ello. Así -por ejemplo-, las características históricas particulares de una sociedad no pueden explicarnos las leyes que rigen el aprendizaje de los individuos, como tampoco el proceso de la digestión "explica" la composición química y propiedades de los ácidos interventores. A su vez, la psicología no puede dar cuenta de los fenómenos histórico sociales, por ser el comportamiento de las “estructuras” sociales, o mejor dicho de las masas que constituyen clases sociales, un fenómeno cuya complejidad rebasa en mucho a la de la simple conducta individual. El “psicologismo”, como se conoce a la interpretación psicológica de los fenómenos sociales, es una forma de reduccionismo explicativo, muy empleada por el psicoanálisis y la psicología social, disciplinas con una epistemología de dudoso origen.



Cada ciencia tiene un nivel de análisis y explicación propios, de acuerdo a la molaridad-molecularidad del fenómeno de estudio. Aun cuando los fenómenos molares comparten propiedades de los fenómenos moleculares, las leyes y principios que explican a éstos últimos no son suficiente para dar cuenta del fenómeno complejo como tal. Asimismo, los principios que rigen los fenómenos complejos no pueden sustituir a los que determinan a los fenómenos mas simples o moleculares. Las áreas interdisciplinarias, como la físico-química, la bioquímica, la psicobiología y la psicología social no son más que campos que requieren de la participación combinada de dos continentes científicos. Recordemos que el conocimiento científico subdivide o fragmenta la realidad con propósitos de análisis, pero que estas “fracturas” no rompen la continuidad de los fenómenos y procesos y mucho menos, la complementariedad de las ciencias que lo producen.



En resumen, la psicología se constituye como ciencia en el momento en que se formula un objeto teórico propio, diferente al de las otras ciencias existentes. Esta formulación da especificidad a lo psicológico como un objeto del conocimiento científico, diferenciable de las demás ciencias: físico-químicas, biológicas y sociales, hecho que rompe con la dicotomía simplista entre ciencias naturales y sociales.



LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA DE LA CONDUCTA



Ya hemos mencionado anteriormente que muchos de los problemas que forman parte del campo empírico de la psicología, fueron estudiados desde la época de los griegos. Sin embargo, no es hasta el siglo XIX en que se configuran las circunstancias que permiten la delimitación progresiva de los que años después sería la nueva ciencia. Estas condiciones se conforman por el interés que otras ciencias e ingenierías derivadas muestran por fenómenos de la conducta, y es así que, aun cuando no fueron capaces de abordarles con una epistemología apropiada que permitiera su vinculación a un solo continente de conocimiento, sentaron las bases e inquietudes para que esto posteriormente ocurriera.



Antes de pasar al examen de estos antecedentes de la nueva ciencia, sería pertinente aclarar la naturaleza de su objeto de estudio.



Decíamos anteriormente que la psicología es la ciencia de la conducta o comportamiento, entendiendo por ésta a la actividad molar del organismo en interacción con su ambiente. Cuando se intenta profundizar en esta definición, hay conductas que parecen no tener circunscripción espacial precisa, por lo menos en referencia a nuestras categorías sobre el particular. Su ocurrencia muestra una dimensión temporal, pero no puede ubicárseles en un punto particular en el espacio, como es el caso de las llamadas imágenes, sentimientos, pensamientos, etc.



Vamos definiendo una vez más que entendemos por conducta o comportamiento, es decir el objeto de estudio de la Psicología como Ciencia: Conducta es toda aquella interacción establecida entre un organismo y su medio físico, biológico y/o social, en y a través del tiempo.



Aquí se presentan en realidad dos problemas diferentes, ambos de conceptualización. La conducta siempre tiene un marco de referencia espacial, no como locus concreto de ocurrencia sino como de interacción. El lenguaje encubierto que algunos autores identificaron con el pensamiento, parece no ocurrir en el espacio. Cuando me hablo a mí mismo, esta conducta no parece tener espacialidad. Sin embargo, si analizamos la situación con cuidado, observarás que se pueden registrar movimientos sutiles de las cuerdas vocales y los músculos asociados a la fonación. A la vez, se pueden identificar eventos ambientales anteriores y subsecuentes en la relación que se establece entre el organismo o un componente prominente del mismo y segmentos del ambiente, es decir, en el medio o relación de campo en que ocurre la conducta.



El segundo problema radica en concebir a las conductas internas como eventos no materiales aislados del ambiente. Esta concepción ha plagado a la psicología de “explicaciones” espiritualistas, mecanicistas y metafísicas, que es necesario eliminar de principio. Un ejemplo prototípico de esta situación son las “imágenes”. La imagen, según esta concepción, es un evento interno no físico que se da como experiencia subjetiva. Esta experiencia constituye una reconstrucción visual del objeto percibido a través de la participación de las vías aferentes del sistema nervioso central, que “reproducen” en la retina una "imagen invertida a escala” del objeto (modelo de la cámara fotográfica), que es descompuesta en forma codificada y transmitida como impulsos nerviosos eléctricos y finalmente recompuesta y ¡experimentada! en el área 19 de la corteza cerebral. Aquí persiste un problema, adicional al del complejo proceso de descodificación y recodificación de energía fóticas en energías nerviosas: el de la transformación de un evento neural en una experiencia interna consiente­subjetiva. Problema irresoluble por estar mal planteado.



En realidad la imagen del objeto es el objeto. No existe tal imagen interna sino más bien un objeto que refleja fóticamente parte de sus propiedades estructurales: forma, color, posición, etc., a través de un medio físico apropiado sobre un organismo que dispone de sistemas de respuestas especializados, sensibles a ciertas formas particulares de energía. Así por ejemplo, el ojo, responde siempre fóticamente a cualquier estimulación, sea fótica, mecánica o térmica; y lo mismo ocurre con otros tipos de ­tejido especializado. Al responder a la estimulación fótica, res­puesta en la que participa todo el organismo y por consiguiente el sistema nervioso y tejidos especializados sensibles a dicha energía, se responde a las propiedades físicas del objeto externo y se da ­entonces la percepción o imagen de dicho objeto, es decir el obje­to externo. Es inútil buscar imágenes incorpóreas dentro del organismo.



La raíz de la confusión yace en la definición misma de la conducta. Revisemos brevemente este problema. Las palabras o conceptos tienen siempre un uso social determinado. Su signifi­cado radica en las condiciones que determinan y ejemplifican dicho uso, por lo que una palabra normalmente tiene acepciones múltiples que devienen de su empleo social. Así, la palabra no es la expre­sión o denotación de ideas a las que corresponde en forma biunívoca, sino la referencia a eventos relaciones físico sociales que constituyen su significado en tanto enmarcan su uso. De este modo, debe quedar claro que las palabras no son los eventos, sino que son provistas de significado por las relaciones sociales en que dichos eventos son referidos.



Las palabras “animistas” o ”mentalistas” en su origen tuvieron un sentido referencial, y de ningún modo “significaban” ficciones. Recordemos cómo el mismo concepto de ánima o alma en Aristóteles se refería a formas diferentes de organización del movimiento de los seres vivos.



El primer paso en toda ciencia es deshacerse de los conceptos "ficciónales". Este proceso se cumple en dos etapas. La primera, es identificar el posible uso referen­cial de dichos conceptos y la determinación de los diversos eventos que pueden encubriese bajo su empleo. La segunda etapa consiste en reanalizar los eventos, al margen de los conceptos ficciónales, y formular un lenguaje referencias adecuado a su estudio sistemático, de modo que los nuevos conceptos permitan penetrar con detenimiento ­en el conocimiento de dichos eventos, que el lenguaje cotidiano en­mascara bajo el manto de complejas relaciones sociales que se constituyen en la ideología de un grupo determinado. Con esto se quiere decir que, incluso los conceptos mentalistas tienen una referencia ­conductual, no como traducción terminológica, sino como identificación de su uso social ordinario en un sentido referencias.



En lo que respecta a los términos que tienen un referente conductual evidente, se puede clasificarles en dos grupos. Existen términos que describen la conducta, como morfologías de la actividad del organismo, irrespectivamente de la situación ambiente en que se realiza. Ejemplos de ellos son: comer, dormir, caminar, hablar, y la mayor parte de los verbos. Estos términos constituyen referencias a la conducta órgano-céntrica, es decir, a las actividades que realiza el organismo, y que son describibles prácticamente como movimientos del organismo respecto a un eje externo de coordenadas o tomándolo a él como su propio sistema. Son conductas que describen las propiedades físicas del (los) sistema(s) reactivos del organismo. Este grupo de términos derivan de una concepción no interactiva de la conducta, y conducen la más de las veces a concepciones reduccionistas y mecanicistas del comportamiento, centrados en el organismo como vértice del análisis. El otro grupo de términos concibe a la conducta como interacción, o interconducta, y por ende, requiere siempre de descripciones que involucren funciones en vez de morfologías. Las funciones son las circunstancias especiales en que el organismo exhibe en acción morfologías que entran en contacto con segmentos del ambiente que le anteceden y siguen. De este modo, las definiciones de conducta requieren de términos que describan interacciones entre el organismo y el ambiente. La conducta es la interacción, y no es reducible por consiguiente a solo lo que se observa que el organismo hace.



El organismo se encuentra en constante interacción con su medio, algunas interacciones ocurren con su propio medio biológico, por lo tanto no son susceptibles de ser observadas, pero debe de quedar claro que pensar en "algo", tener "ideas" u "ocurrencias", "imaginar" o ver un paisaje con los ojos cerrados, son simples interacciones que tienen su origen en experiencias previas de aprendizaje. ¿Podemos "imaginar" a un "Xtroduo"? No a menos que lo describamos como es, o que nos muestren a uno de ellos; por supuesto que todos sabemos que son animales de 10 cms de largo, identicos a una lagartija pero con 6 patas y dos cabezas, de esta manera, en base a anteriores experiencias de aprendizaje, los "Xtraduos" se convierten en algo real y los podemos visualizar.




EL NACIMIENTO DE LA PSICOLOGIA COMO CIENCIA

Como ya se mencionó la psicología establece su objeto como ciencia con la publicación del "Manifiesto Conductista" por John B. Watson. En este sentido podemos afirmar que Psicología Científica y Conductismo son sinónimos. Todas las "corrientes" preconductistas no son más que filosofías psicológicas, o sea, ideologías sistemáticas precientíficas. Algunas otras aproximaciones como veremos posteriormente son reedificaciones de estas ideologías en lenguaje de la ciencia moderna, pero con sus mismos supuestos, solo que ahora implícitos.



El conductismo, o sea la psicología, surge en circuns­tancias históricas maduras. Por un lado, la biología, bajo la influencia de las tesis evolucionistas de Lamarck y Darwin, establece la continuidad entre el hombre y los organismos inferiores, continuidad que subraya también con relación al comportamiento. Por otro ­lado, la fisiología del sistema nervioso descubre su unidad de análisis, el reflejo, y con la obra de Sechenov y Pavlov se hacen los­ primeros intentos sistemáticos de desarrollo de una teoría y meto­dología para el estudio del sistema nervioso y la conducta (actividad nerviosa superior). Estos dos avances de la biología fueron ­fundamentales para que una tradición experimentalista incipiente ­en la psicología (Thorndike, Hall, James, Wundt y Kulpe entre otros) cristalizara en un planteamiento correcto del objeto de la nueva ­ciencia.



Ustedes se preguntarán ¿porqué se fija el nacimiento de la psicología con Watson, si oficialmente se habla de ello en ­ocasión de la fundación del primer laboratorio de psicología experimental en Leipzig por Wundt en 1879, y cuando autores como William James habían ya escrito sus “Principles of Psychology”?



Por dos razones. La primera es que la psicología a la que hacían referencia los autores previos a Watson carecía de un objeto autónomo de estudio, y por consiguiente, eran más bien filosofías empíricas o de la experiencia y del lenguaje. La segunda, es que el propio Wundt, a quien erróneamente se le ha atribuido ser el padre de la psicología científica, adscribió el laboratorio de psicología experimental por el fundado a la Cátedra de Filoso­fía. Por esto mismo Pavlov, a pesar de que definía la actividad nerviosa superior como conducta: "Estas actividades nerviosas nunca se han considerado desde el mismo punto de vista que las de órganos, o incluso de otras partes del sistema nervioso central no se atrevió a enmarcar su trabajo como la piedra de toque de la nueva ciencia por llegar. De hecho todavía está abierto a discusión si la psicología es una ciencia natural, o si puede considerársele de modo alguno ciencia". (1926)



El simple empleo del método científico no era razón suficiente para que la psicología existiese. Faltaba el otro ingrediente: la definición de su objeto.



La aparición de Watson en el escenario de la historia no puede ser más contundente: "¿por qué no hacer de lo que podemos observar el verdadero campo de la psicología?... ¿qué es lo que podemos observar? Podemos observar la conducta lo que el organismo hace o dice y apresurémonos a señalar que hablar es hacer, esto es, comportarse".



Al definir a la psicología como la ciencia de la conducta, aportó además dos elementos fundamentales. El primero, un ­paradigma teórico y de experimentación, requisito indispensable para una ciencia. El segundo, la des-subjetivización de la disciplina. Aun cuando después volveremos a tratar estos problemas, nos deten­dremos de todas maneras a reflexionar acerca de ellos.



Watson tenia que liberar a la psicología de la "mente" heredada por la filosofía metafísica v la fisiología mecanicista que le dieron origen. Para ello, debía encontrar un paradigma teórico ­que le permitiera el desarrollo de nuevas categorías de análisis, y tomó como base el paradigma del condicionamiento respondiente o del reflejo condicionado elaborado por Iván Pavlov. El paradigma de­finía las unidades básicas de análisis (el estímulo y la respuesta), la dimensión de ocurrencia de dichas unidades (el tiempo) y los pa­rámetros que de ellos se derivaban. Así mismo, el paradigma señala­ba la posibilidad de analizar los procesos complejos de la conducta humana (el segundo sistema de señales y el lenguaje).



Por otra parte, su segunda tarea y quizá la más importante, fue des-subjetivizar a la psicología. La llamada psicolo­gía, como ya lo hemos señalado se preocupaba por la experiencia consciente subjetiva y la introspección resultaba ser el método de análisis primordial. Se procuraba descomponer a la experiencia en sus elementos básicos constitutivos (modelo químico), para lo que se adiestraba concienzudamente a los sujetos experimentales a reportar su propia experiencia en términos de "ideas", "sensaciones" y "afectos". Su exclusión terminológica como objeto de estudio por Watson, fue el primer paso requerido para su expulsión definitiva, y la se­paración de la psicología científica de la filosofía psicológica y demás productos híbridos derivados. Tocaría a Kantor y a Skinner ­unos cuantos años después, reafirmar esta des- subjetivización so­bre bases más sólidas.



Si bien con la definición de un objeto de estudio y la adopción de un paradigma teórico quedó constituida la psicología como una nueva ciencia, se heredaron preocupaciones y problemas, ­algunos legítimos y otros no, que determinaron, en gran medida, su curso posterior de desarrollo. Podemos demarcar estas influencias tomando en consideración las cuatro disciplinas que se constituyeron en fuente de origen de la psicología: la física experimental, la fisiología del sistema nervioso, la filosofía metafísica y la medicina. Cada disciplina contribuyó con una "herencia" definidas la física, ­con el problema de la medición la fisiología, con el método experi­mental; la filosofía, con la mente y el sujeto; y la medicina, con ­las aplicaciones y el método clínico. Procederemos a efectuar una ­breve reseña histórica de estos problemas y su desarrollo.



LA FISICA EXPERIMENTAL Y EL PROBLEMA DE LA MEDICION


La física experimental, de algún modo, procuró una doble problemática a la nueva ciencia. Por un lado, se hizo hincapié en la medición y cuantificación, aspecto fundamental para toda ciencia natural. Por el otro, se creó un problema pseudo-científico, al intentar establecer la correspondencia entre las propiedades físicas del estímulo y la apreciación subjetiva que de él se hacía, es decir, de la denominada "sensación". La importancia adquirida por este problema determinó incluso la creación de una área teórica y de investigación, denominada psico-física, que en la actualidad se ha reformulado conceptualmente como lo veremos en capítulos posteriores.



El uso de observadores humanos para determinar el trayecto de los cuerpos celestes, mostró que se encontraban diferencias de registro entre dos observadores diferentes, o un mismo observador en momentos distintos, la llamada "ecuación personal". Aun cuando esto motivó el despido del primer observador en que se apreció la existencia del error de medición, repeticiones sistemáticas del ­efecto llevaron al desarrollo de la psicofísica.



La psicofísica, alcanza su punto culminante con los estudios de Weber y Fechner, quienes encontraron que existía una relación logarítmica entre el incremento en la intensidad de un ­estímulo y la sensación por él producida. Algunos autores moder­nos (vbgr. S.S. Stevens) continuaron el trabajo de estos pioneros, Interesándose por el problema del escalamiento de dimensiones de ­estimulación y la respuesta "sensorial" ante ellos dada. La psico-física animal moderna y la teoría de la detección de señales han mostrado que, a diferencia de lo que suponían los iniciadores de la psicofísica, no existe una simple relación lineal entre una di­mensión o parámetro del estímulo y la respuesta de "reporte" de dicho estímulo, por lo que no puede encontrarse "la" función ideal de dicha relación.



Los modernos estudios en ésta área han vinculado a la psicofísica tradicional con el control antecedente de la conducta como lo veremos posteriormente. Sin embargo, su influencia no se limitó a ésta área, sino que, junto con el trabajo de Galton sobre las diferencias individuales, dio lugar al surgimiento de la psicometría y la medición de las habilidades, capacidades y aptitudes.


LA FISIOLOGIA Y EL METODO EXPERIMENTAL

Quizá la deuda más importante que tiene la psicología con las disciplinas que le precedieron, sea con la fisiología expe­rimental. Sería muy prolijo describir el desarrollo gradual que sufrió la fisiología experimental, hasta culminar con el trabajo de ­Claudio Bernard e Iván Pavlov, pero si es conveniente señalar que ­el primero fundó la metodología experimental basada en el análisis controlado del fenómeno Individual, y que el segundo contribuyó con un método particular de estudio del comportamiento, que aun cuando superado en la actualidad, permitió el surgimiento de la psicología como ciencia experimental.



Como es de todos conocido, Pavlov dedicaba al estudio de las secreciones gástricas durante la digestión, trabajo ­por el cual obtuvo el Premio Nóbel. Un día, en un perro con una fístula implantada en el estómago, observó que la simple presentación visual del alimento era condición suficiente para que segregara jugos gástricos, a lo que Pavlov denominó originalmente secre­ción psíquica. Esta observación casual le llevó a estudiar sistemáticamente el fenómeno, analizando con especial interés las relaciones temporales entre los eventos y el reflejo producido así como las características de "señal" que adquirían los estímulos. Basta decir que el método del reflejo condicionado, con su interés en las relaciones de contingencia o condicionalidad entre los estímulos y las respuestas (de ahí, el término de condicionamiento) sirvió como base de ataque experimental al estudio del comportamiento (y aún se sigue empleando) en los años que siguieron a la aparición de Watson en el escenario de la ciencia.



Aun cuando la obra teórica de Pavlov se ha superado, el resultado de su trabajo experimental permanece incólume como fuente de problemas y nuevos caminos a seguir en la investigación. Su preocupación por el control experimental, por la medición y por la objetividad fue la mejor herencia que puedo haber recibido la ­psicología. Sus limitaciones teóricas y de procedimiento deben en tenderse en el contexto histórico de su época y de ningún modo, con la frivolidad superficial de lo que examinan, lo que parafraseando podríamos llamar, la psicología "de autor". No nos detendremos más en ente punto, pues Pavlov y su método serán revisados continuamente a lo largo de secciones y capítulos posteriores.



LA FILOSOFIA Y LA MENTE


La filosofía metafísica plagó a la psicología de eventos internos de la experiencia, incorpóreos, agrupados todos bajo el concepto de la psique o mente. Estos eventos "mentales" se fueron constituyendo en especies de homúnculos, en hombres internos que explicaban el comportamiento, desplazando el interés del es­tudio científico hacia "entidades" verbales que substituían al co­nocimiento genuino de los determinantes de la conducta.

El estructuralismo, representado por Wundt, Kulpe, ­y Titchener, así como el funcionalismo, en el que destacaron James, Angell y Dewey, constituyeron más que una psicología científica, ­una metafísica experimental.



Explicaremos el porqué. La mente, la conciencia y otras entidades mentales, aun cuando en su origen como palabras pudieron tener un referente objetivo, lo perdieron en el ­transcurso de la historia, codificándose. La filosofía metafísica consideraba a estas palabras como eventos reales, independientes ­solo asequibles al conocimiento por introspección, por su carácter experiencias e incorpóreo. El uso de la introspección y de algunos aparatos de medida proveían de un marco experimental que imprimía una atmósfera de objetividad a problemas que carecían de ella. Es por eso que el estructuralismo y el funcionalismo, a pesar del uso de la medición (que no debe confundirse con el método experimen­tal que es observación sistemática producida) nunca pudieron abandonar el lastre de la metafísica, resultando ser en el mejor de los ­casos, filosofías empíricas o experimentales. Estas preocupacio­nes subjetivistas no han desaparecido de la psicología y son reintroducidas periódicamente, disfrazadas con un lenguaje más objetivo to­mado de otras disciplinas (teoría de la información) o de nuevas "teorías" psicológicas (cognoscitivas y existencialistas) pero con­servando sus fundamentos epistemológicos idealistas.

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